PURA SANGRE VIGUESA
Es curiosa la facilidad de adaptación que tenemos los humanos.
Llevo poco más de 2 años en Coruña (perdón, en LA Coruña) y me siento como en casa, como si hubiera vivido aquí toda la vida.
Y siempre que voy a Vigo, me da pereza emprender el camino... hasta que llego.
Es entonces cuando me salta la vena “patriota”y recuerdo que es ahí donde está mi casa. Y no me quiero volver. Hasta que llego otra vez a Coruña y vuelvo a sentirme a gusto.
Pues naaada..., será que soy tan conformista que puedo ser feliz en cualquier ciudad. (Bueno..., siempre que tenga mar, claro!).
El caso, es que ayer, después de 2 horas infernales de conducción bajo la lluvia, cuando por fin llegué a Rande, hice lo que siempre hago: en lugar de seguir hasta casa por la autopista (Nigrán), me desvié para entrar en la ciudad. Viernes, 21:00 de la noche, tráfico al máximo apogeo en el centro... pero no me importaba, no tenía prisa. Y me encanta ver qué nuevos sitios han abierto, ver si veo a alguien conocido por la calle, .. en definitiva, revivir todos mis recuerdos, que se concentran en esta ciudad.
Y lo increíble es que siempre se me vienen a la cabeza cosas diferentes. Recuerdos que creía olvidados, y cien mil situaciones en cada punto de la ciudad.Desayunos, comidas, cenas y bocatas a las 6 de la mañana en una ristra de sitios.
Clases particulares de estadística y matemáticas financieras en la academia CyL.
Un montón de horas en el Flunch preparando algún examen.
Paseos por Samil y el Castro: a veces contenta, a veces triste. Llevando coletas con mis padres, o estrenando novio...
Visitas a Cabo Estay, llamadas desde un montón de cabinas, paradas de autobús...
Camino de Playa América dispuesta a hacer algún botellón, o a dar un paseo, o a ir a la playa.
En definitiva: segundos, minutos, horas, días, semanas, meses, AÑOS.
Mi vida entera en estas calles, en esta ciudad.
Y.. dónde van todos esos años? Qué hay de esos recuerdos?
Si no hiciera esa ruta nunca más... ¿a dónde irían? Desaparecerían?
No sé, es triste pensarlo... Y también da mucha pena darte cuenta de todo lo que ha quedado atrás, todo lo que has vivido, y todo lo que eras, y que ya nunca más va a volver. Ya son sólo recuerdos. Pasado.
Creo que a veces, ilusionados por el futuro, por lo que está por venir y desconocemos... pasamos página demasiado rápido, con demasiada decisión, sin saborear lo que se puede vivir en ese momento.
Y muchas veces también, cuando todo ha pasado, tampoco miramos atrás.... Y hay que hacerlo. Porque el pasado, los recuerdos y esas horas-días-años en esas calles, son parte del puzzle personal de cada uno.
Y sí.
Me imagino que esto es lo que algunos llaman “raíces” o “morriña”, y que... fíjate por dónde... yo pensaba que no tenía.
Atrás quedaron aquellos tiempos en los que alguien llegaba a la consulta de un cirujano plástico con la foto de Brad Pitt o Cindy Crawford diciendo: “Quiero que me dejes así”.






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El caso es que esta tarde, hojeando una de esas revistas de mujeres que tanto me gustan, me encontré con este invento de la diseñadora Priscilla Bernicowicz.

